Mi pequeña, si supieras cuántas veces lloro tu ausencia, el funambulismo que practico sobre el porvenir truncado. Y lo hago, cariño. Papá lo hace. Por tu madre, por tus hermanas y, sobre todo, por ti misma. Porque lo único que sostiene el inestable equilibrio que me une a tu recuerdo es cada día de lucha, cada día de ser. Hoy, qué más da el contexto, he escuchado el tan manido “no es justo”. Y seguro que no lo era. Doy fe de que no lo es. De que nunca lo es. Pero de eso se trata, ¿verdad princesa? No de lo que es justo sino de lo que es y de lo que hacemos con ello. Tranquila, mi niña, todo va bien. Papá avanza y siempre vuelve a ti.
Y a la justicia poética que le den por culo.
Lo más reciente